Si abordamos al diseño no sólo como una actividad, sino como una forma de vida, entenderemos que es un proceso integral en favor de la comunicación de ideas, de productos o de servicios. Un “buen diseño” se renueva todos los días, propone, busca y encuentra. Esa condición le permite sobrevivir y perdurar (quizás por décadas), donde otros sin duda serán efímeros y volátiles.En esta actividad cabe anotar también que ser el más creativo no es lo único indispensable para ser buen diseñador, sino que debemos considerar al servicio, en toda su dimensión, como algo fundamental, capaz de facilitar el ciclo de la comunicación.
El diseño es –y debe ser– vital por definición, abreva en diversas fuentes, es un procedimiento donde se involucran los más diversos factores, y cuya finalidad es alcanzar exitosamente la meta: el espectador.
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Se ha abierto una nueva década, y en un amplio sentido todo un nuevo ciclo, un año clave en la historia pues se marcan los aniversarios de dos momentos decisivos de México: los centenarios ya están a la puerta. Es primordial resolver con que rostro, y sobre todo, con que actitud vamos a afrontarlos, quizá por fin alcancemos la mayoría de edad como país y celebremos así nuestro tercer siglo de independencia, pero para ello ¿no será necesario emprender las acciones necesarias para dejar atrás aquellas formas reflejo de inmadurez que no hacen más que dañarnos?



